Escribo tumbada en la cama de una habitación preciosa de un B&B en un pequeño pueblecito de Carolina del Norte, llamado Manteo (Isla de Roanoke). El que haya pernoctado en una de estas casas sabrá de qué hablo.
Me encanta dormir en estos sitios donde todo es bonito, tradicional, y hogareño, donde por la mañana te sirve la señora de la casa un desayuno de esos que parece que no vas a volver a comer en dos dias. Y es un desayuno que te comes completo, por no hacer un desprecio a la dueña de la casa que se ha pasado la mañana en la cocina, haciendo tartas, mermeladas caseras y demas viandas, para que tú salgas de allí con la sensación de que vas a vomitar pero muy contento de lo bueno y lo bonito que era todo.
Todavía no lo puedo creer. Hoy he estado en la playa. Ha sido necesario salir de Nueva York y cruzar cuatro estados ( Nueva Jersey, Delaware, Maryland y Virginia hasta llegar a Carolina del Norte, pero por fin he disfrutado de un día de sol desde que empezó el invierno.
He decidido aprovechar las vacaciones para conocer un poco de este país al que critico tanto y tan poco conozco. Cuando critico a este país en mi blog lo hago a modo de terapia. Es un sitio en el que puedo desahogarme y contar mis frustacciones como extranjera, pero casi todas esas críticas se las dedico a Nueva York, porque es donde resido.
Después de este viaje que he decidido realizar en coche, son muchas las cosas que he descubierto. Me he dado cuenta de lo diferente que es Nueva York del resto del país. Cuando uno se despide de Manhattan, debe saber también que se despide de esa famosa multiculturalidad que la caracteriza. Vas a cenar o a comer en un restaurante de Cape May, Nueva Jersey (The Lobster House, lo recomiendo) y al mirar a tu alrededor te das cuenta de que todo el mundo es WASP (blanco, anglosajón, protestante).
También dejas atrás esa gran variedad de restaurantes de comida internacional (indios, pakistaníes, japoneses, coreanos) para que tus posiblidades se centren exclusivamente en la comida de la zona (cosa que me encanta y que para mí es bastante más exótico).
Mi último descubrimiento ha sido la sopa de bogavante (lobster bisque), una sopa cremosa, con trocitos de bogavante que estoy dispuesta a comer cada vez que la encuentro en un menú.
Estoy en el ecuador de mi viaje y sé que tienen que pasar muchos días hasta que sea capaz de asimilar todo lo que estoy viendo y descubriendo. Poco a poco, intentaré darle forma a todo ello para contarlo aquí.