Amtrak ya me ha desvirgado

By Boquerona

Cuando uno vive en América y pretende viajar en transporte público, es fácil darse cuenta de que manda Don dinero. Sirva de ejemplo lo que cuento a continuación:

Pónganse en mi pellejo. Intentaba llegar en tren a Albany (capital de Nueva York), el sábado en la mañana. Hasta ahí, todo es normal. La cosa se complica cuando una vez en la cola porque de billetes numerados para el vulgo mejor ni hablamos.

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Justo a la hora de partir, el tren de Amtrak (homólogo de Renfe en España) viene con retraso, cosa que puede pasar. Después de 20 minutos, sin ninguna explicación, los altavoces de Amtrak comienzan a iluminar a todo el que quiera oirlo: el tren está averiado. El que tenga que partir con Albany de destino tendrá que esperar un tiempo. Todo el mundo es muy prudente. De americanos se trata.

Yo como buena andaluza, después de tres cuartos de hora, ya me empiezo a impacientar y a decirle a los de al lado, “Esto no pasa en España. Cuando el tren tiene retraso, la gente empieza a quejarse: “Que si yo tengo una boda, que yo no llego al bautizo, que a mi madre me la operan, que el juanete de mi abuela … ” La gente empieza a chillarse y a competir por su pena, que es mucho más divertido, por lo menos más ameno.

Pero estando en Nueva York, la gente no dice pio. Después de dos horas largas, sin ninguna explicación, dicen por los altavoces: el tren está reparado. Pueden ustedes subir. Yo estaba tan animada que me hizo hasta mosquear porque para completar la escena del tren, la cola y demás, vino a ponerse a mi lado una chica muy alta, muy mona, sin medias y con sandalias, a saltarse el personal.

Ella miró de soslayo, como nadie dijo nada. Dos horas que ella se ahorró. Imagino que habrán visto ese anuncio de L´Oreal que dice, “Porque yo lo valgo”. Era exacta a su expresión.

Sigamos, que me desvío.

Todo el mundo en sus asientos. La marcha ya comenzó. Después de cinco minutos, el tren se vuelve a parar. Volvemos a la estación. Dicen por los altavoces, “Tenemos problemas técnicos, pueden ustedes bajar”.

La gente sale corriendo, pues era la hora del “lunch”.

Yo me rezagué un poquillo, por lo que pude escuchar: se advierte a los pasajeros que cuando el tren se repare, la marcha se continuará, y el que no esté en sus asientos, a Amtrak no le importará.

Y uno se queda pensando como con cara de tonto, ¿qué pasa con todos esos que corrían para yantar y cuando vengan de vuelta vean que el tren ya no está?, le pregunté al maquinista. La respuesta era esperada: el que manda es don dinero y yo no puedo hacer nada. Y uno se queda pensando con cara de gilipollas que tiene hasta incluso suerte porque escuchó la advertencia.

Una respuesta para “Amtrak ya me ha desvirgado”

  1. Llorá con respeto Dice:

    Creo que lo peor para mí, sería no quejarme y comentar mis retrasos o eso del ‘juanete’ con alguien, o peor aún, que si lo hago, ni me den bola siquiera!! (y te miren como diciendo: ¿y a esta loca que le pasa?)

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